18 mayo 2006

TEO va de PUTAS (un cuento para niños)


... esto va dedicado a mi amigo Rico, que inspiró este hermoso relato infantil...
Cuentan que, un día, cansado de ir al parque, a la granja, al campo (praderas y toda esa mierda, no el hipermercado), al cole, a la piscina, al zoo, a la playa, al monte, al bosque, al instituto, a la universidad, al bar, a un restaurante de lujo (tenía pelas el cabrón) y a un kebab (no, no murió comiendo "turco muerto"), a un templo maldito, a una galaxia muy, muy lejana, a la jungla de cristal, a Gotham City, a Instituto Xavier para Jóvenes Talentos, a Krypton (digo yo que antes de que explotara, a mi no me pregunteis lo que hace el capullo pelirrojo este), a Genosha, a la Casa Blanca (no sé qué actor hacía de Presidente y no sé si se la estaba chupando alguna señorita con apellido ruso que no había acabado la carrera), a dar la vuelta al mundo, al Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla y a la pulpada de la misma (joder, es pelirrojo, pero no gilipollas)... estaba un día aburrido en su casa (uno de sus último libros autobiográficos era "Teo se queda en su puta casa meneándosela mientras mira a su perro que intenta limpiarse a lametones el nabo") y resolvió ir a dar una vuelta (se quedó sin pelas y necesitaba "ir a algún sitio" para inspirarse) y, cogiendo los últimos ahorros que le dio el acto de vouyerismo canino anteriormente citado, fue al aparcamiento ("Teo va al aparcamiento") para pillar la moto...
Iba calle abajo sin pensar (para ir a la pulpada sí, pero para conducir la moto no) mientras dejaba atrás casas céntricas, pisos, adosados, comercios, bancos, parques (y todos esos sitios a los que ya "había ido") y fue acercáncose más y más a lugares que jamás había visto (y mira que para este tio era difícil) hasta encontrarse en una preciosa y cuca casa de tres plantas, cada una pintada de un color diferente.
Una era verde, la de en medio era rosa y la última, la que estaba más cerca del cielo... sí, era color celeste.
Sobre la puerta principal había un cartel enorme de neón aderezado con varios lacitos de los colores anteriores, que rezaba "Club: Las Tres Putillas". Sin pensárselo dos veces, Teo entró en aquel misterioso lugar que nunca había pisado. Al acercarse a lo que parecía un mostrador, una chica con el pelo rizado y castaño y unos bellos ojos en forma de puntitos le preguntó que ése día estaban de oferta 3x1 (en plan Carrefú). Primero lo acompañó a una habitación toda de color verdoso, donde los motivos de cesped y campo abrumaban la mirada. La chica lo dejó allí para que esperara y, al cabo de unos minutos, salió la misma chica pero ataviada con un picardía color verde. Con un registro de voz bastante cambiado, le ordenó a Teo que se tirara en la cama. Allí, tras cosa que Teo no conocía hasta el momento (era bastante simple el chaval) lo hizo muy feliz (amos, que se lo folló).
Cuando se fue volvió la chica del principio (vestida con el peto vaquero de recepción) y subieron a una salita rosa. Tras haberse ido la recepcionista y transcurridos unos minutos, apareció de nuevo, pero con un vestidito de colegiala de color chicle de fresa (cualquiera que sea ese puto color) y volvió a hacer muy, muy feliz a Teo (volvió a follárselo).
Mientras se recuperaba, la ¿recepcionista? se fue, volviendo con su curioso peto vaquero, para llevarlo a la planta de arriba donde el calor sofocante de un jacuzzi climatizado, unido a una cargante decoración celeste, agobiaban a Teo. Volvió a irse para retornar como una bañista de las que le gusta ponerse casi enteritas morenas (amos, que iba en tanga). Ya con ¿suficiente? experiencia, Teo se dejó hacer... y cayó exhausto.
Al cabo de un rato, despertó en el banquito que había frente la recepción y la chica del peto vaquero, mirándolo con sus puntitos por ojos, exclamó con dulzura:
- ¡Son 50.000 pesetas! -pues aún no se habían inventado los €uros.
Ya más tranquilo y en su casa, Teo tomó la máquina de escribir y (mucho más tranquilo) se dispuso a escribir.